Cubrir una elección en 2026: cuando el fotoperiodismo se convierte en un laboratorio de innovación

La cobertura de las elecciones presidenciales del Perú reveló algo que va más allá de las imágenes: un sistema de gestión tecnológica y humana que opera bajo presión extrema, con aprendizajes valiosos y oportunidades de mejora que todo el sector está navegando.

Foto: César Fajardo. Uno de los fotógrafos convocadas a cubrir las elecciones para Andina/El Peruano

Cuando la Agencia de Noticias Andina, me convocó junto a nueve fotoperiodistas externos para cubrir las elecciones presidenciales del 12 de abril de 2026, acepté sin dudar. Participar de unas elecciones inéditas en la historia del Perú fue motivación suficiente. Pero hubo algo más: como especialista en gestión de la innovación y la tecnología, no pude evitar mirar esta cobertura también desde ese lente. ¿Qué procesos, flujos, tecnologías y herramientas hay detrás de una operación periodística de esa magnitud? ¿Cómo se coordina, se produce y se publica en tiempo real cuando hay 35 candidatos en competencia?

Así que este artículo no es una crónica electoral. Es una reflexión sobre lo que esa experiencia revela acerca de cómo el periodismo peruano y los medios en general, están enfrentando la transformación digital desde adentro.

El proceso comenzó un mes antes, con el envío de nuestra documentación, reuniones de coordinación, recojo de credenciales y sesiones con los editores gráficos. Lo que parece puramente administrativo es, visto desde la gestión de proyectos, como un indicador real de que existe una estructura organizativa madura.

Las coordinaciones de Andina también corrían en varios niveles simultáneos: coordinación con la ONPE para acreditaciones y locaciones, con los jefes de prensa de los 35 partidos para la información operativa de cada candidato, y con los fotógrafos de planta, que cubrirían a los candidatos de mayor relevancia pública mientras los externos nos distribuimos el resto, dos por persona.
Buena parte de esa información crítica: horarios, contactos, protocolos, no está en ningún manual. Vive en la experiencia de cada fotógrafo y su capacidad de anticipar y resolver en campo. A eso se le llama conocimiento tácito y en una cobertura de esta escala, gestionarlo bien es tan importante como cualquier herramienta tecnológica.

Días previos a las elecciones: el equipo de fotoperiodistas recoge sus credenciales, de la mano de Carlos Lezama, Melina Mejía y Luis Iparraguirre, del equipo editorial de Andina/El Peruano. El carnet de la ONPE: primer paso de una larga cadena logística.

Durante los días previos y el día mismo, la coordinación se realizó principalmente por WhatsApp y Google Meet: reuniones virtuales para alinear criterios editoriales, grupos de mensajería para resolver dudas en tiempo real. En entornos de alta presión, la coordinación ligera pero bien gestionada tiene una ventaja enorme: es rápida, directa y no requiere aprendizaje previo. Todos sabemos usar WhatsApp. Todos sabemos entrar a una sala virtual. Esa accesibilidad tiene un valor real.

Considero que a medida que las coberturas crecen en complejidad, la coordinación ligera necesita un respaldo más robusto. Herramientas específicas para la gestión de la información, fotografías, videos, asignaciones, seguimiento de entregas en tiempo real, no están pensadas para reemplazar la agilidad que ya funciona, sino para sostenerla, potenciarla y escalarla sin fricciones.

El perfil del fotoperiodista ha evolucionado: ya no basta con la cámara. Hoy se espera que un solo profesional fotografíe, grabe video y envíe material en tiempo real desde el campo. Esa transformación convierte a la tecnología en el aliado más importante del periodista moderno y el día de las elecciones lo confirmó con claridad.

Algunos colegas ya usaban soportes para smartphones montados sobre la zapata de la cámara, que permiten grabar video con el celular mientras se dispara con el equipo principal. Otros enviaban sus fotos directamente desde la cámara, sin necesidad de laptop. Pero incluso con las mejores herramientas, hay un factor que ningún equipo puede controlar del todo: la conectividad. Una buena señal de internet puede ser la diferencia entre publicar en minutos o esperar media hora. En cobertura electoral, donde la inmediatez es parte del valor informativo, esa variable se vuelve tan crítica como el equipo mismo.

En tiempo real: mientras el equipo fotografiaba a los candidatos emitiendo su voto, las imágenes se enviaban a los editores de ANDINA para su publicación inmediata en la web y redes sociales.

Todo el material capturado durante el día iba siendo publicado con rapidez en la web de Andina, en sus redes sociales y separada para usarse en la versión impresa del diario El Peruano. Este es quizás el cambio más estructural que ha vivido el periodismo en la última década: la publicación ya no espera al cierre de edición. Es continua, inmediata, competitiva. Para el fotoperiodista, esto transforma radicalmente el flujo de trabajo. Ya no se trata solo de capturar la mejor imagen al final del día, sino de seleccionar, editar, enviar en campo y con presión de tiempo.

La gestión de este flujo, desde la captura hasta la publicación es, en sí misma, un proceso de innovación organizacional que los medios están aprendiendo a administrar sobre la marcha.

El día también trajo una crisis que ninguna planificación podía anticipar: las actas electorales no llegaron a tiempo a varias mesas, generando retrasos significativos cuya gestión derivó en el posterior arresto de un funcionario de la ONPE. En mi caso, uno de los candidatos asignados llegó con más de cuatro horas de retraso, aunque probablemente confluyeron varios factores en esa demora.

Esto ilustra algo que quienes trabajamos en innovación conocemos bien: la cadena de valor informativa depende de la cadena institucional. Cuando el entorno externo falla, el impacto se propaga hacia adentro. La pregunta no es cómo evitar esas disrupciones, imposible, sino cómo construir equipos resilientes que las absorban sin perder el hilo. Lo que observé fue justamente eso: asignaciones reorganizadas, vacíos cubiertos, adaptación en tiempo real. Esa capacidad es, quizás, la forma más auténtica de innovación.

Actas llegando luego de dos horas, al colegio María Reiche. Foto: Yanina Patricio / Andina

Cubrir las elecciones presidenciales del Perú en 2026 fue, para mí, mucho más que un trabajo de campo. Fue una confirmación de algo que llevo tiempo argumentando: el fotoperiodismo de alto impacto es hoy uno de los entornos más exigentes y más ricos para observar la innovación en medios en acción. Concentra en pocas horas todos los desafíos que las organizaciones de noticias enfrentan de manera difusa: coordinación distribuida, producción multimedia, publicación en tiempo real, resiliencia ante imprevistos y adopción tecnológica.

El sector tiene por delante un camino interesante: sistematizar lo que ya funciona bien, cerrar las brechas tecnológicas, que todavía separan a los equipos y construir culturas organizacionales donde el aprendizaje continuo sea parte del flujo de trabajo. No es un desafío exclusivo del periodismo peruano. Pero sí es uno donde el periodismo peruano tiene mucho que aportar y ganar.

Agradecimientos
A Carlos Lezama, Melina Mejía y Luis Iparraguirre, editores gráficos de Andina/El peruano, que gestionaron la cobertura de ese día, con experiencia y profesionalismo.

A César García, cuya labor de coordinación entre los fotógrafos externos y la redacción fue clave para que todo funcionara. Y a mis colegas convocados para esta cobertura: César García, Rubén Grández, César Fajardo, Paloma del Solar, Arturo Huerta, Alberto Valderrama, Alberto Orbegoso, Roberto Matta y Luis Jiménez. Un equipo que demostró que la colaboración y la adaptación son también, formas de innovar.