El cumpleaños perfecto

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Se llamaba Leydi y hoy cumpliría 15 años. Según la tradición de esa familia, todos los cumpleaños se celebran sin excusas. Son un clan inmenso, todos viviendo en la misma casa, no sé si por cariño o por ahorrar costos. Comparten todo, hasta los problemas. Pero no vaya a pensar que son como la familia Ingalls, tienen más parecido con los Simpsons o American Dad… pero dirigido por una mujer, el padre murió hace muchos años atrás.

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Celebrarían su cumpleaños, después de tres años de su muerte. Para ese día, contrataron a un camarógrafo y un castillo de esos grandes que te sorprenden en plena avenida.

Mientras el castillo exhibe sus formas y colores, cada miembro de la familia se reserva un momento para encontrarse con Leydi, decirle que la quieren y extrañan. El sonido del castillo interrumpe la calle, los vecinos se asoman y recuerdan… sienten nostalgia por no verla pasar con su cola mal amarrada y diciendo buenos días con su sonrisa de ratón.

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Cuando las últimas bombardas tocan el cielo y explotan, empiezan a sonar los aplausos.

“Todavía falta”, dice el hombre del castillo.

Se acerca a su asistente, quien tiene preparado otro número para la ocasión. Se sienta en el suelo y empiezan a maniobrar algo parecido a un globo aerostático. Encienden la mecha y este empieza a tomar forma. El fuego lo quiere quemar, pero no, hoy es un día especial y todo saldrá bien.

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Finalmente el globo toma impulso y escoge su rumbo. Se despide de ese dulce homenaje. Cuando lograr conseguir altura el silencio invade la avenida. Hasta que un potente saludo de despedida nos golpea con alegría y tristeza a la vez.

Todos gritan. Feliz cumpleaños Lady….

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